El Blog de la Franquicia

¿Nos estamos quedando sin ideas?

La pregunta no es nueva pues hace más de cinco años que nos ronda la sensación de que en la franquicia se está acabando la inventiva. La polémica, sin embargo, resucita con fuerza a la vista de la nómina de expositores que han participado en las más recientes ferias de franquicia del país.

De hecho, el sistema de franquicia ha sido tradicionalmente un buen termómetro de la capacidad de generar nuevas ideas que acaben en buenos negocios pero no es menos cierto que últimamente cuesta identificar ideas rigurosamente novedosas. Desafortunadamente, la falta de verdaderas novedades influye negativamente en la percepción de dinamismo e innovación que siempre ha caracterizado al sistema de franquicia y de rebote, instala en los emprendededores una actitud pasiva, medrosa y distante.

Y es que la falta de ideas no hay que confundirla, aunque frecuentemente va asociada, con un fenómeno que recurrentemente inunda el panorama español de la franquicia con un tropel de enseñas de una misma actividad. El caso es que cada dos o tres años alguna actividad logra suscitar un gran interés entre los empresarios y emprendedores, de forma que en poco más de 12 meses se sucede la continua aparición de nuevas franquicias de esa actividad que generan en conjunto un gran estado de opinión y un alto poder de atracción. Ocurrió  hace casi dos décadas con las tiendas de confección, luego vinieron las tintorerías, las agencias de viajes en el 97-99, más tarde las inmobiliarias y ahora ha tocado el turno a la intermediación financiera. En la mayoría de estos casos, mas allá de que cada enseña tiene su particular visión del negocio y de sus procedimientos, todas provienen de una misma idea.

Por eso quisiera centrarme en el valor de la idea, un concepto que a menudo tiende a empequeñecerse a costa de otros elementos como la marca, el tamaño, etc. Es notorio  y palpable que la economía española genera ideas, muchas, variadas, atrevidas, y la prueba la tenemos en las decenas de iniciativas que pueblan las paginas de las revistas y la prensa económica.

La idea en una nueva franquicia, lo es todo. A partir de una idea se construye la marca, se crea el saber-hacer, se prueba el negocio, etc. Sin embargo, mientras todas las monografías acerca de la franquicia llenan páginas y páginas hablando del “saber hacer”, al que también llamamos “know-how” o “savoir faire”, en su inmensa mayoría olvidan que el paso previo a la construcción y moldeado del saber-hacer, es el alumbramiento de la idea comercial. A mi entender, el verdadero motor de cualquier nuevo negocio.

¿Qué habría sido de Massimo Dutti si a su creador,  Armando Lasauca, no se le hubiera inicialmente ocurrido vender sólo media docena de modelos de camisas para caballero, en unos cuantos colores y varios cuellos, pero todas al mismo precio? ¿Dónde estaría Bocatta, de no haberse empeñado Ramón Ruiz de Alda en aplicar a nuestro bocadillo de toda la vida, las técnicas del “fast food”  de corte norteamericano? Y que poco valoramos la iniciativa de Manuela Rodríguez Losada, la fundadora de Retoucherie de Manuela, al sacar a las costureras de sus olvidados talleres, para acercarlas a la luz de las mejores calles y centros comerciales.

Tres excelentes ejemplos de pequeñas grandes ideas que resultaron vitales en los primeros pasos de las respectivas enseñas. Hay más ejemplos, por supuesto, pero resultaría tedioso repasar las decenas de buenas ideas que esconden nuestras más lustradas franquicias y pecaríamos de románticos de no conceder unas cuantas líneas más a las expectativas que plantea el titular del artículo.¿Por qué tan pocas nuevas ideas llegan a la franquicia? La conclusión es evidente: la idea comercial no goza, en sí misma, de un sistema de protección propio. Por tanto, el empresario que parte de una idea original, aunque se beneficie de una imagen de marca protegida y de una notoriedad contrastada, teme que dar a conocer en exceso su negocio le haga crecer los imitadores y la competencia. Es un hecho que  hoy en día ciertos competidores  no copian la marca y los modelos, puesto que se trata de elementos perfectamente protegidos y porque ellos solos no son los únicos factores del éxito. La casuística depredadora más habitual se produce en torno a otros elementos que individualmente no gozan de protección pero que en su conjunto constituyen la originalidad de la cadena o del negocio.

Llegados a este punto, conviene resaltar que al creador de ideas se le plantea una oportunidad que a todos nos conviene: convertirse en franquicia. Para hacer valer sus derechos, el empresario poseedor de una buena idea comercial, tiene la opción de materializarla y convertir su idea en un “saber-hacer” compacto que sirva para demostrar su coherencia y su capacidad técnica.

Una idea en estado bruto no puede ser protegida, pero en el marco de una cadena de franquicia, donde la idea es el elemento fundador y original, ésta adquiere valor económico en tanto que es lo que permite aportar notoriedad a la marca. Así definida y concretada, la idea comercial, ahora convertida en “know-how” de una cadena de franquicia, podrá ser protegida y cuanto más conocida sea la marca, más protegido estará el “saber-hacer”.Conviene aquí recordar la importancia histórica de la decisión que a principios de los noventa tomó el Tribunal de Comercio de París, en un pleito interpuesto por la firma Chevignon, emitiendo un dictamen claramente favorable al reconocimiento de la existencia de la idea comercial, de su valor y su necesaria protección.

Si las franquicias deben ser, por definición, portadoras de un gran poder de seducción, la idea comercial viene a ser el catalizador de todo el proyecto. Pero es que hay más, porque es demostrable que una franquicia sustentada en una idea original incurre en unos costos de comercialización significativamente menores.

Por otra parte, en el nivel franquiciado, las buenas ideas también ayudarán a encontrar oportunidades de negocio factibles, si bien en este caso, la relevancia de la idea no debe medirse en términos absolutos, sino siempre en referencia al mercado en que se desea realizar la inversión del nuevo negocio. No vale tanto la pena buscar una “super idea” novedosa, como que la idea que representa esa franquicia, no tenga representación en donde se desea crear el negocio.

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